La verdadera magia de Practical Magic y cuando el amor se parece demasiado al miedo

Cartel de la película 'Practical Magic' con dos mujeres de pie frente a velas, rodeadas de siluetas de personas con paraguas.

Hay películas que envejecen y otras que, con el paso del tiempo, empezamos a ver y entender que nos contaban cosas que tenían que disfrazar porque no estábamos preparadas para escuchar cuando las vimos por primera vez y Practical Magic (Hechizo de amor), estrenada en 1998, es una de ellas.

A primera vista es una película sobre brujas, maldiciones familiares, hermanas que se quieren muchísimo, margaritas a medianoche y amor. Pero debajo de toda esa estética de comedia romántica sobrenatural hay algo bastante menos mágico: una historia de violencia de género.

Y quizá lo más interesante es que la violencia no aparece desde el principio con un cartel que diga “este hombre es un maltratador” sino que aparece tal cual como en la vida cotidiana, disfrazada de pasión, de intensidad, de deseo, y justificada con ese “es que me quiere muchísimo”. Y ahí es donde Gillian Owens se convierte en un personaje muy interesante.

“Es que él me quiere demasiado”

Gillian llega a la relación con Jimmy Angelov completamente fascinada. Él es intenso, posesivo, sexual, imprevisible e interpreta esa intensidad como una señal de que está viviendo algo extraordinario. Ella misma describe el amor como esa sensación de dar vueltas y vueltas: el corazón se acelera, todo se pone del revés y, si no tienes cuidado, pierdes el equilibrio.

Es una descripción preciosa y, al mismo tiempo, es una descripción bastante inquietante porque una cosa es que el amor nos haga perder un poco la cabeza y otra muy distinta es que perder la cabeza sea la única manera que tenemos de explicar las razones por las que nos encontramos en esa relación.

Una pareja en una escena íntima, con un hombre detrás de una mujer, ambos con expresiones intensas y ropa oscura.

Jimmy no quiere simplemente estar con Gillian, quiere tenerla y no soporta que se aleje de él o que haga cosas sin él. Su comportamiento empieza a restringir incluso algo tan básico como que Gillian pueda ir al baño sin que él la siga o se enfade.

Y entonces aparece una de las escenas más reveladoras de toda la película: Gillian drogando a su propio novio con belladona.  No por una cuestión de magia pues no lo quiere matar ni divertirse lo hace para poder tener unas horas de libertad y poder dormir.

La situación es tan absurda que puede resultar cómica dentro del tono de la película, pero si quitamos la magia y el humor, queda una realidad brutal: Una mujer que necesita incapacitar a su pareja para conseguir unas horas de tranquilidad y poder dormir sin que él esté intentando tener sexo con ella.

Y eso debería hacernos pensar pues conecta directamente con algo que todavía hoy cuesta comprender: “No quiero y él no acepta mi no” Y eso es violencia.

El control que parece pasión

Una de las cosas más peligrosas de determinadas relaciones violentas es que el control no siempre empieza pareciendo control, pues lo hacen parecer preocupación, interés, celos (de esos “sanos y lindos”), y terminar diciendo que es pasión. Pero hay una diferencia básica: el amor quiere compartir tu vida contigo; el control quiere decidir cómo debe ser tu vida.

Y esta diferencia es importante porque Gillian no entra en esa relación pensando “quiero que alguien me controle” sino mas bien con todo el deseo de vivir, experimentar, sentir, y el deseo inmenso de enamorarse. Y este deseo de enamorarse es lo que lleva a confundir los celos con amor, la posesividad con deseo, el control con protección; y así resulta muchísimo más difícil reconocer cuándo la relación ha cruzado una línea.

Y aquí viene una pregunta que se vuelve una constante en estos casos, ¿por qué no se va?, pero debemos tener muy claro quees ella la que cree estar viviendo una historia de amor extraordinariamente intensa e incluso cuando las cosas empiezan a ir mal, continúa interpretándolas dentro del lenguaje de la pasión así que es vital entender que confundir la violencia con el amor no convierte a la víctima en responsable de la violencia. El que violenta  es responsable de lo que hace.

Podemos preguntarnos por qué determinadas personas son más vulnerables a determinadas dinámicas, qué aprendizajes tienen sobre el amor, qué modelos de relación han interiorizado o qué necesitan emocionalmente. Todo eso puede ser psicológicamente interesante, pero ninguna de esas explicaciones convierte a la víctima en culpable.

Y entonces aparecen las otras mujeres

Y aquí está, para mí, una de las partes más bonitas de Practical Magic. Porque no termina diciendo simplemente: “Las hermanas Owens derrotan al hombre malo” sino que hace una muestra real de lo que es la sororidad al llevar a las mujeres del pueblo a unirse.

Mujer hablando por teléfono, visiblemente preocupada, mencionando una relación problemático.

Y esto me parece que tiene mucha fuerza porque esas mismas mujeres no han sido precisamente amigas de las Owens. Las han juzgado y criticado, les inventaron rumores e hicieron todo lo posible por mantenerlas al margen.  Les llamaron brujas por llevar su vida de un modo distinto a lo que se espera de ellas.

Pero llega el momento en que todo esto se deja de lado pues una mujer está siendo violentada y ahí una vecina dice algo que resume perfectamente el cambio: “está metida en una mala relación y ahora el tipo no la deja en paz”. No juzga, no pregunta ni mira a otro lado, deja de lado cualquier diferencia y lo ve, lo nombra y actúa.

Y ahí aparece una idea de sororidad muchísimo más interesante que la versión edulcorada de “todas las mujeres debemos querernos” ya que la sororidad no significa que todas las mujeres tengamos que caernos bien o que debemos tener las mismas ideas y valores.  Ni siquiera significa que debamos estar de acuerdo

La verdadera sororidad aparece cuando somos capaces de decir: “No me caes bien, no pensamos igual y hemos tenido problemas, pero esto que te está pasando está mal y no voy a mirar hacia otro lado«, lo cual es más difícil y por tanto, mas valioso.

Practical Magic se estrenó en 1998 y ya entonces (y antes también) se hablaba de violencia de género. La violencia no ha cambiado, lo que ha cambiado es nuestra capacidad para nombrar algunas de sus formas y discutirlas públicamente. Porque en ese entonces decir abiertamente determinadas cosas sobre las relaciones, el control, la violencia sexual o la dominación masculina no tenía el mismo espacio cultural que tiene hoy. La violencia podía existir pero muchas veces tenía que mostrarse disfrazada de monstruo. Y es que la violencia de género no empezó cuando encontramos la palabra adecuada para describirla.

Y la sororidad no es precisamente esa que no dice que todas somos hermanas sino la que sabe que aunque seamos diferentes, no pensemos igual e incluso no me caigas especialmente bien, no voy a permitir que estés sola frente a esto.

Y quizá esa sea, al final, la magia más poderosa de todas.

Viñetas de mujeres reflexionando sobre relaciones y violencia emocional, con citas sobre el amor y la libertad personal.

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