Body Positive: más allá de un cuerpo perfecto

Hace poco me encontré con una foto mía de hace apenas dos años. Recuerdo que en ese momento me veía “gorda” y hoy que la vi me doy cuenta de que no lo estaba. Eso me hizo reflexionar en lo poderosa que es la presión social que sentimos sobre nuestro cuerpo y fue el punto de partida para escribir este texto acerca del body positive, no como tendencia vacía, sino como un recordatorio de que nuestro valor no depende de encajar en un molde.

Y es que el body positive no debe significar “aceptar la obesidad porque sí”, ni volverse una bandera que promueva un solo tipo de cuerpo. Simplemente debiera entenderse como el hecho de aceptar y reconciliarnos con el cuerpo que tenemos tal y como es hoy, en todas sus formas, tamaños y circunstancias.

Ya en otro post, cuando hablaba de la película “La sustancia”, comenté sobre la belleza inalcanzables que el patriarcado nos ha impuesto: piel perfecta, cintura pequeña, piernas largas, sin arrugas ni marcas. Un estándar que no solo es irreal, sino que ignora la diversidad de cuerpos, historias y contextos biosocioculturales que habitamos. Y es bajo esta presión social que el cuerpo normativo se convierte en una cárcel y no en un espacio de libertad.

La construcción social de la delgadez

En este modelo normativo, la delgadez se presenta como sinónimo de éxito, disciplina, salud y, sobre todo, deseabilidad. Nos dicen que ser delgada abre puertas a mejores oportunidades sociales, menos juicios en el trabajo, más aprobación en lo público y en lo privado y por eso no es casualidad que muchas mujeres midan su valor personal en kilos o tallas.

El problema es que esta idea responde a una construcción social desigual pues mientras que el éxito de las mujeres se ha vinculado históricamente a su capacidad de ser deseadas, el de los hombres no depende de su cuerpo. Si bien la crítica hacia ellos también aparece cuando tienen sobrepeso la realidad es que suele ser menos determinante, y mientras cumplan con la normativa hegemónica que el patriarcado les asigna —fuerza, poder económico o influencia social—, su valor social permanece intacto.

Nosotras, en cambio, por norma general siempre hemos sido valoradas como “cuerpos decorativos” antes que como personas completas.

Cuando la salud se reduce a un número en la balanza

Vivimos en una sociedad reduccionista donde el sobrepeso se ha convertido en el culpable universal, tanto, que en el ámbito médico muchas personas no han sido tomadas en serio aún cuando llegan con síntomas preocupantes, y antes siquiera de tratar de obtener un diagnóstico, lo primero que escuchan es “baje de peso”.

Así, problemas cardíacos, hormonales o incluso enfermedades graves quedan invisibilizados porque el diagnóstico se limita al tamaño del cuerpo. Este sesgo no solo genera negligencia médica sino que también retrasa diagnósticos que podrían salvar vidas.

Tendremos que comenzar a entender que no todos los malestares tienen su origen en el peso, y centrar toda explicación en ello es cerrar los ojos a la complejidad de la salud humana.

La culpa sobre nuestros cuerpos

Otra cosa que hay que considerar al hablar de body positive es que las mujeres hemos aprendido a mirar nuestro cuerpo desde la carencia y no desde la gratitud y siempre encontramos defectos que comparar con ese modelo “ideal”. Entonces nos pasa lo que me pasó a mi de ver las fotos de hace no mucho tiempo y decir: “Quisiera estar tan gorda como en esta foto”?

El problema nunca ha sido la foto,
sino la lente social que nos enseñó a odiar nuestra propia imagen.

Y es que cuando sentimos que no cumplimos con ese ideal, aparece la culpa porque en esta cosificación de nuestro cuerpo se nos señala también como responsables del abandono o la falta de amor que pudiéramos llegar a vivir. Como si la decisión de quien se va tuviera que ver con los centímetros de nuestra cintura y no con su propia falta de compromiso.

El verdadero sentido del body positive

Ser body positive no es estar a favor de un cuerpo en particular. Es comprender que nuestro cuerpo cambia con los años, con la enfermedad, con las circunstancias de la vida. Es saber que podemos querer transformarlo, sí, pero no para ajustarnos al canon hegemónico de la “mujer bella”, sino por salud o porque simplemente deseamos habitarlo de otra manera.

Y es que nadie debería ser juzgado por cómo decide habitar su cuerpo. Adelgazar, engordar, mantenerse igual: todas son decisiones válidas siempre que partan del cuidado personal y no de la presión social. El body positive no es un molde que obliga a permanecer en un tamaño, sino la libertad de aceptarse en cualquier etapa.

Porque no olvidemos que también existe el doble castigo, las críticas por adelgazar

En esta sociedad vivimos con la ironía del castigo cuando una vez más se muestra la contradicción al juzgar cualquier decisión que tome una mujer sobre su cuerpo. Ejemplo de ello son las críticas hacia Michelle Rodriguez y Meghan Trainor, quienes tras bajar de peso recibieron cuestionamientos y acusaciones de “traicionar” al movimiento body positive. Cuando la verdadera traición reside en esa obligación de tener que lucir de determinada forma sólo para satisfacer el gusto ajeno.

Esto refleja el doble castigo al que estamos sometidas: si una mujer es gorda, se le señala y si adelgaza, también. Parece que nunca hay un estado corporal aceptable.

Y así es que quiero dejar claro que el body positive no debe significar permanecer en una talla determinada para ser creíble, sino tener la libertad de habitar el cuerpo como cada quien decida. Adelgazar, engordar o mantenerse igual son elecciones válidas siempre que provengan del autocuidado y no de la imposición social. 

Al final, nuestro cuerpo es mucho más que una talla o una figura: es el vehículo que nos permite habitar este mundo, construir, amar, crear y existir. Respetarlo y aceptarlo en todas sus etapas es el verdadero sentido del body positive.

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