Carl Rogers es a quien conocemos como el padre de la Psicología Humanista o terapia centrada en el cliente. Su teoría se basa en los siguientes postulados:
• Visión holista y optimista del ser humano.
• El objetivo de la Psicología Humanista es comprender y mejorar la personalidad.
• Todas las personas tienen un potencial de crecimiento y el fin de la persona es el desarrollo de sus capacidades positivas.
• El eje vertebrador del comportamiento son los procesos motivacionales.
Para Roger lo que diferencia a una persona sana de otra desadaptada es la calidad de la relación entre su yo (ideales, valores, expectativas, intereses) y su experiencia.
La personalidad madura y equilibrada es el resultado del proceso de autorrealización, es decir del proceso de convertirse en persona. Esto supone cultivarse, crecer y madurar en armonía y aunque pueda parecer un proyecto a largo plazo, no es así, significa saber vivir el presente.
La autorrealización no es un fin sino un proceso, es saber disfrutar de la vida; aceptarse sin apartar la posibilidad de cambiar; valorar lo que uno piensa y siente; ser independiente, valorar las relaciones con los demás sin someterse a sus expectativas, resolver adecuadamente los conflictos; y además, es aceptar la responsabilidad de la propia vida.
La terapia centrada en el cliente o terapia no directiva, parte de la hipótesis central de que el individuo posee en sí mismo medios para la autocomprensión y para el cambio del concepto de sí mismo, de las actitudes y del comportamiento auto dirigido. Dos rasgos principales de la terapia centrada en el cliente son:
1. La confianza radical en la persona del cliente (paciente)
2. El rechazo al papel directivo del terapeuta.
El ser humano nace con una tendencia realizadora que, si la infancia no la estropea, puede dar como resultado una persona plena: abierta a nuevas experiencias, reflexiva, espontánea y que valora a otros y sobre todo, a sí mismo.

