Una adolescente corre a cuatro patas en un parque, un joven publica en TikTok que es lobo, un hombre británico pide ser reconocido como dálmata y la reacción social oscila entre la burla, la alarma y la fascinación. Pero antes de reír o indignarnos, conviene entender qué estamos mirando.
¿Qué es un therian?
La idea de lo humano fusionado con lo animal es tan antigua como los mitos pues tenemos deidades con cabeza de animal, nahuales y hasta narraciones de metamorfosis, así que la frontera entre especies siempre ha sido simbólicamente permeable. La novedad ahora no es el imaginario sino su autoafirmación identitaria pública
El término therian proviene de therianthropy, palabra que combina raíces griegas que significan bestia y humano. En su uso contemporáneo no alude a mitos antiguos de transformación física sino a algo más íntimo: personas que experimentan una identificación profunda y persistente con un animal no humano.
No se trata de creer que el cuerpo se ha transformado sino mas bien de sentir que la identidad interna resuena más con un lobo, un zorro, un felino o un ave que con la categoría estrictamente humana y dentro de la comunidad a esto lo llaman theriotype, es decir el animal con el que la persona siente afinidad identitaria. Algunos lo describen como algo espiritual, otros como una vivencia psicológica y para muchos es simplemente la manera más precisa que encontraron para nombrarse.
¿Cuándo y dónde comenzó el movimiento?
Aunque ahora parezca un fenómeno nacido en TikTok, el movimiento therian comenzó en los años noventa en foros de internet y comunidades de Usenet (sistema global y descentralizado de foros de discusión creado en 1979), principalmente en países angloparlantes y fue un fenómeno digital desde su origen.
En ese entonces no hubo una exposición tan pública como ahora con las RRSS ni un manifiesto inaugural, solo hubo anonimato y personas que escribían algo que se podría resumir en: “Creo que no soy del todo humano”. Entonces en Internet sucedió lo que mejor sucede ahí: conectó rarezas dispersas hasta convertirlas en comunidad.
El caso de Tom Peters y la “transespecie”
Cuando empezó a circular el tema de los therians hubo algo que me hizo retroceder varios años y recordé una noticia que en su momento me había llamado la atención así que decidí buscarla y la encontré. En 2019 apareció en el programa televisivo This Morning Tom Peters, un británico que afirmaba sentirse un cachorro dálmata.
Peters declaró que caminaba a cuatro patas, dormía en una caseta, deseaba ser reconocido como “transespecie” e incluso adoptó el nombre de “Spot”.
Es importante subrayar algo fundamental: lo que se difundió fue su testimonio en un programa de entretenimiento, no se trató de un estudio clínico, ni de una evaluación psicológica publicada, ni siquiera de un reconocimiento médico formal, pero sí fue lo suficientemente potente para quedarse en mi memoria y seguro en la de mucha gente mas.
Entonces debemos tener claro que el término “transespecie” no está reconocido por manuales diagnósticos ni por la comunidad científica, es mas bien una autoidentificación cultural que llevó a Peters a convertirse en algo así como símbolo que condensa la tensión contemporánea que cuestiona hasta dónde puede extenderse el concepto de identidad.
Más allá del espectáculo televisivo, el fenómeno invita a una pregunta más profunda: ¿qué lleva a alguien a definirse de otra especie?
Actualmente, el therianismo no figura como trastorno en manuales diagnósticos como el DSM-5 ni tampoco existe una categoría clínica llamada “disforia de especie” sin embargo, eso no significa que no haya factores psicológicos relevantes ya algunas investigaciones exploratorias y análisis de comunidades online han señalado la presencia frecuente de:
- Sensación de alienación social temprana
- Dificultades de integración
- Rasgos de personalidad con tendencia al aislamiento o fantasía intensa
- En ciertos casos, antecedentes de trauma o experiencias de desconexión emocional
Algunos estudios han observado rasgos que podrían encajar dentro del espectro esquizoide en parte de esta población. Rasgos como preferencia por el mundo interno, desapego social o fuerte vida imaginativa aunque esto no implica que ser therian sea un trastorno esquizoide, solo implica que pueden coexistir características psicológicas que faciliten este tipo de construcción identitaria.
El impacto social
El impacto no radica en que algunas personas se identifiquen como animales, radica en que vivimos una época donde la identidad se ha convertido en el eje central de la subjetividad y la reacción social oscila entre tres polos: ridiculización, alarmismo moral y defensa radical como expresión legítima del yo. Pero en realidad ninguna de estas respuestas explica por si sola el fenómeno, entonces: ¿Qué está pasando realmente?
Lo que está ocurriendo no es una súbita epidemia de personas creyendo ser animales, es más bien una manifestación de algo mayor: la crisis contemporánea de identidad. En sociedades donde los vínculos son frágiles, donde el individuo es constantemente evaluado y comparado y donde la pertenencia tradicional se ha erosionado, la identidad se convierte en refugio. Algunos la encuentran en ideologías, otros en comunidades políticas, otros en etiquetas clínicas, y otros más en especies simbólicas.
La pregunta no es por qué alguien quiere ser lobo, la pregunta es ¿por qué ser humano resulta insuficiente o hasta desagradable para algunos?
Y aquí está el punto crucial: nada de esto es completamente nuevo ya que la humanidad siempre ha buscado escapar de sus límites simbólicos, lo nuevo ahora es la velocidad con la que esto está sucediendo dada la viralidad y la estetización digital de esas búsquedas. El fenómeno therian no anuncia el colapso biológico de la especie humana pero sí expone algo más incómodo: la fragilidad contemporánea del yo.
Desde la psicología social sabemos que la identidad no nace en el vacío sino que se construye en relación con el contexto buscando pertenencia y reconocimiento así es que cuando esos espacios se erosionan como está pasando en una sociedad hiperindividualista como esta en la que nos estamos convirtiendo, donde el sujeto es y está simultáneamente sobreexpuesto y al mismo tiempo profundamente solo, la identidad deja de ser una consecuencia y se convierte en proyecto.
Y cuando la identidad se vuelve proyecto, el yo empieza a aferrarse a otros puntos de sostén sin importar cuál sea pues lo que importa en realidad es no caer. Y el sostén ahora es digital, la validación algorítmica y la identidad me la da un desconocido al otro lado de la pantalla que me hace sentir importante, mucho más que la gente que tengo alrededor.
Las redes sociales no solo visibilizan identidades, las modelan, proveen lenguaje, símbolos y validación, entonces lo que antes era una sensación difusa ahora encuentra nombre, estética y pertenencia. Y como dije antes, el ser humano es un ser social por naturaleza y necesita pertenecer así que es en este lugar donde encuentran su tribu y así se consolida la identidad.
Es bien sabido que en todas las sociedades y en todas las culturas han existido y siguen existiendo subculturas sociales: emos, punks, hippies, góticos, gamers, otakus etc., pero acaso esta es la primera vez que vemos que se está queriendo dejar atrás la forma humana.
Es por esto que me parece interesante ver el therianismo no simplemente como “personas que quieren ser animales” sino como un síntoma cultural, como metáfora viviente de una generación que no encuentra encaje en las categorías heredadas. Porque lo inquietante no es que alguien camine a cuatro patas, sino que cada vez más personas sientan que la condición humana no les ofrece un lugar seguro y entonces cualquier otra forma puede parecer más habitable.
O quizás, simplemente, están rechazando la responsabilidad que conlleva ser un humano.






