Empiezo con una liberación de responsabilidad: no me gustan muchas de las letras del reguetón sin embargo cuando comienza a sonar sí que se me mueve el pie al ritmo y también si hay oportunidad lo bailo… aunque perrear ya venga con advertencia médica incluida y la rodilla pase factura.
Soy mexicana y vivo en un país (España) donde más de una vez me han dicho con toda seguridad que México está en Sudamérica o si acaso, Centroamérica. También me han llamado “panchita”, ese adjetivo despectivo que viene cargado de racismo y que sirve para reducir a toda Latinoamérica a un estereotipo de pobreza y falta de cultura. Es cierto que después otro español me dijo «pero si no lo pareces» y yo no quise averiguar si era halago eso de salirme del cliché imaginario de lo que es una «panchita».
Es por todo eso que quiero hablar de esto que no ha dejado de resonar pues no puedo ni quiero minimizar lo que sentí al ver el medio tiempo del Super Bowl o, como me recordó Bad Bunny, lo que antes llamábamos el Súper Tazón.
Porque dejemos a un lado si te gusta o no lo que canta (o lo que hace como que canta). Hay que recordar que la música puede gustarnos o no y el gusto es completamente subjetivo.
Yo, gracias a mi padre he escuchado desde Beethoven hasta Quiet Riot pasando por todos los tangos de Gardel.
Pero es que además en este caso la música fue representación, cuerpo, identidad y colores (muchos colores) ocupando un escenario donde se juega un partido de algo que históricamente siempre ha sido identificado como estadounidense. Y por eso quiero hablar de lo que me ha parecido este medio tiempo y de todos los significados que podemos leer en cada una de las imágenes y voces que vimos y escuchamos y que vinieron de un país que aún cuando es parte de Estados Unidos sigue luchando por recordar que quiere ser independiente.
Por eso esa bandera en azul celeste que exhibió Bad Bunny y que también fue una declaración.
¡QUE RICO ES SER LATINO!
Si, primero haré un detalle de lo que vi en este espectáculo que empezó con una frase que es más que solo una declaración: ¡qué rico es ser latino! y luego el nombre de Benito Antonio Martínez Ocasio mostrado como entrada de telenovela.
A partir de ahí aparecen los campos de caña, la pava puertorriqueña y poco a poco nos llenamos de la cotidianidad y los colores del Caribe con todos los guiños a Latinoamérica entera: la venta de cocos, el carrito de piraguas, los Villa’s Tacos, las chicas poniendo uñas, la rivalidad de siempre en el box entre Puerto Rico y México, las personas mayores jugando dominó y la compra-venta de oro y plata. Es así que comenzó la fiesta y Latinoamérica entró caminando sin pedir permiso y por cursi y absurdo que parezca mi cuerpo se reconoció en esa gente bailando.
Hace poco lo hablaba con un amigo en México y le decía que echo mucho de menos bailar, acá no hay con quién. Y es que Benito tiene razón “todos quieren ser latinos pero les falta sazón”.
Después de unos pasos mas de baile en el centro del escenario apareció la casita, humilde y reconocible como ese hogar que deja de ser la postal de Visit Puerto Rico y se convierte en la vivienda donde la puerta casi siempre está entreabierta y la vida se escucha desde dentro con risas y movimiento. La vida tal como es, no como suele representarse.
Y cuando menos lo esperábamos nos vimos como invitados a una boda, esa celebración en comunidad con la que Bad Bunny reforzaba su mensaje:“La única cosa mas poderosa que el odio, es el amor” y con una Lady Gaga maravillosa.
Y es que esta italo-americana que sufrió bullying a tal punto que le crearon la página de “Stefani Germanotta nunca serás famosa» se ha encargado de demostrar que lo que dijo Benito ha sido cierto: Tienes que creer en ti.
Y no como una fórmula fácil y simplona sino como una realidad que pocas veces creemos aunque la repitamos mucho.
Pero también hubo algo más importante ahí porque incluir a alguien a quien el público considera tan estadounidense conviviendo con la cultura latina dejó un mensaje claro: sí podemos convivir y no desde la imposición sino desde el encuentro.
Esa boda latina fue preciosa, el pastel enorme, los niños bailando, la música en vivo como cualquier otra boda y una Lady Gaga imponente como vocalista y con ese arreglo de la Flor de Maga, la flor oficial de Puerto Rico (MAGA… you see?). Y por supuesto el niño dormido en tres sillas del que ya tanto se ha hablado, porque así son las fiestas en Latinoamérica que duran hasta el día siguiente y si los hijos y las hijas de los invitados no están bailando entonces duermen donde se pueda. Y está bien.
Cuando apareció Ricky Martin en escena, no se podía menos que esperar que como buen puertorriqueño entonara con ese sentimiento el lelolai de la música típica jibara (campesina) en Puerto Rico y que exige al mundo entero que escuchen mas allá de sus prejuicios y se den cuenta de la denuncia que contiene la canción de “ese reguetonero”: Lo que le pasó a Hawaii.
Y es que «ese reguetonero» sabe de música, tal como lo indica el director de orquesta Giancarlo Guerrero que fue invitado para dirigir al grupo de cuerdas que tocaron en el show.
Después la electricidad parpadeó y los postes de luz encendidos y apagados trajeron esa memoria que habla del fracaso del sistema eléctrico en la isla. Bad Bunny llevó a millones de hogares estadounidenses la realidad de una parte de ellos que vive a oscuras desde hace años. Porque no olvidemos algo que a mucha gente en Estados Unidos le incomoda: Puerto Rico es parte de EE.UU y es en la isla donde se suelen pagar tarifas de electricidad más altas que el promedio, aunque la falta del servicio sigue siendo una rutina y el recibo se cobra con puntualidad.
Casi al final nos llega el recordatorio de Bad Bunny enseñándole a USA que América es todo un continente: “Together we are America”. América nombrándose a sí misma, país por país hasta llegar a Canadá, reclamando su espacio y dejando de ser aquello que insisten en querer mirar por encima del hombro y creer que vale menos.
Al final, la bandera de Puerto Rico y un touch down de Benito remarcando que seguimos aquí. No como concesión cultural sino como declaración política.
AHORA SI, ¿QUÉ FUE TODO ESO?
El show contó muchas historias a la vez: la del barrio, el apagón, el orgullo, la resistencia que se baila y lo hizo sin pedir permiso, sin traducirse ni suavizarse para encajar. Entonces lo verdaderamente potente no fue que el Super Bowl mirara a Puerto Rico sino que Puerto Rico, y con él toda Latinoamérica, mirara desde el centro del escenario a los que estaban acostumbrados a ser el centro y por eso la incomodidad no tardó en aparecer y fue interesante porque cuando aparece casi siempre es porque quien se incomoda se siente interpelado.
A muchos aunque digan que les molestó la música en realidad les molestó el lugar y sobre todo el idioma, porque en Estados Unidos se enorgullecen de hablar solo uno y esperan (acaso exigen) que el mundo entero se dirija a ellos en inglés, por eso les incomodó que un espectáculo que consideran “suyo” no se suavizara para su consumo. Les molestó no ser el centro y las quejas internas posteriores fueron predecibles, comentarios sobre que “no era el momento” o que “eso no es cultura del Super Bowl” lo que en realidad estaban diciendo era: esto no nos pertenece y no sabemos qué hacer con eso.
Y también está el latino que no se siente representado por este show porque se queda únicamente en que no le gusta el reguetón y deja de lado lo que en realidad está ocurriendo en un mundo cada vez más radicalizado. Una realidad que repite que ser latino es algo malo, en ese país donde han matado solo porque creen que estaban haciendo algo incorrecto o porque el color de piel no es el que ellos quieren ver.
Y qué bueno que tengan el privilegio de no haber sentido en carne propia esa mirada, ese comentario, ese intento constante de hacerte menos solo porque no suenas o no te pareces a lo que esperan de ti.
No es malo tener ese privilegio, voltear hacia el otro lado creyendo que todo el mundo lo tiene es donde está el problema.
Y si tú formas parte de la gente que piensa que esto no deja de ser un espectáculo dentro de un evento capitalista que lucra con una lucha social que sí es real entonces yo te pregunto: ¿qué te hace pensar que lo que hace Bad Bunny no es real? ¿Por qué crees que el arte es político sólo cuando se trata de ese arte que, de manera individual, consideras serio?
Porque entonces estás dejando fuera a toda esa gente que expresa su protesta desde su propia trinchera. El arte puede o no gustarte pero no es más válido solo porque a ti te gusta más.
El medio tiempo no incomodó porque fuera latino. Incomodó porque fue latino sin pedir permiso, sin traducirse ni disculparse y no buscó agradar bajando el volumen para ser “menos escandaloso” y eso en un mundo acostumbrado a consumir lo latino solo cuando es dócil, festivo y para su consumo resulta profundamente perturbador y tal vez eso se lo que hace que este show siga resonando.
Y también es cierto que mucho de todo esto que se vio en este medio tiempo no es nuevo y ya se había comenzado a hablar antes, pero si hay algo que sabemos como humanidad es que la lucha tarda años y a veces siglos en generar un cambio.
Por eso las protestas a pequeña o a gran escala no pueden ni deben dejar de existir.






