Decirlo claro no te hace mala persona: Asertividad y respeto en las relaciones

Hace poco vi un video que me dejó pensando. Un chico relataba cómo terminó su relación por algo que, a primera vista, parecía un malentendido, pero que en el fondo tenía mucho más que ver con la forma en que comunicamos nuestras emociones. Él quería ir a una reunión con amigos para jugar videojuegos. Su novia le dijo: “Sí, claro que puedes ir”., sin embargo, esa frase cargaba una trampa emocional: lo que realmente quería decir era que no quería que él fuera.

Como él no interpretó correctamente ese no disfrazado de sí, ella se sintió ignorada… y con el tiempo, la relación se rompió.

Este tipo de situaciones, tan comunes y normalizadas, nos invitan a hablar de algo fundamental: la comunicación asertiva. Porque esperar que el otro adivine lo que sentimos o entienda los subtextos de nuestras palabras no solo genera confusión: también puede convertirse en una forma de manipulación emocional que desgasta vínculos.

Un “sí” que no es sincero también es un “no”

Así como hemos aprendido que “No es No”, también debemos empezar a entender que un “sí” solo tiene valor si es auténtico, libre de presiones, sarcasmos o dobles intenciones. Si lo que realmente sentimos es: “preferiría que no fueras”, entonces eso es exactamente lo que necesitamos comunicar.

Decir lo que sentimos no nos hace egoístas ni fríos. Nos hace personas claras.

Lo que no se dice también se cobra

Muchas veces, por miedo a parecer “difíciles” preferimos callar, cedemos y en lugar de expresar lo que necesitamos, esperamos que la otra persona lo intuya. Pero esa expectativa silenciosa suele convertirse en frustración.

En muchas culturas —especialmente aquellas donde se premia la cortesía como forma de control emocional— decir lo que uno piensa se asocia con ser conflictiva, sin embargo, no hay mayor cuidado que hablar con honestidad y sin disfraces.

La asertividad no es lo mismo que agresión. No se trata de imponer, sino de expresar con claridad y respeto lo que sentimos, pensamos y necesitamos.

Ser claro no es ser insensible

Una aclaración importante: ser asertivos no significa que vamos a hablar como si estuviéramos redactando un contrato. La comunicación humana está llena de matices, silencios y gestos. Pero cuando llegamos al punto de tener que “entrenar” a nuestra pareja para que entienda lo que sentimos, o si todo parece requerir una explicación interminable, es señal de que algo más profundo no está funcionando. Una cosa es pedir lo que necesitamos, otra muy distinta es tener que mendigarlo.

Reformular frases, Pasar de la exigencia al límite emocional saludable.

La frase “si tengo que pedirlo, ya no lo quiero” puede sonar muy romántica, pero es una trampa si se usa para invalidar la comunicación. Lo justo sería reformularla como:
“Te voy a decir lo que necesito, pero si tengo que explicártelo más de una vez o rogarlo… entonces esta relación no es segura para mí.”

Y es que aunque suene duro, en las relaciones sanas no deberíamos tener que repetir límites básicos como si estuviéramos enseñando modales a un niño.

Decir lo que sentimos es una forma de amar

Comunicarnos con claridad también es una forma de cuidar al otro. Porque dejar de suponer, dejar de usar silencios hirientes o sarcasmos velados, es una forma de respeto. El respeto no solo está en lo que el otro hace por nosotros, sino también en cómo elegimos hablarle y mostrarnos tal cual somos.

Si alguna vez dudas de si estás siendo demasiado clara, recuerda esto:

La claridad no hiere. Lo que hiere es la confusión que evitamos enfrentar.

Y decir “no quiero que vayas” con respeto y desde el amor puede salvar una relación. Pero esperar que el otro adivine nuestros deseos solo la desgasta.

Porque al final, la comunicación no es solo hablar.

Es cuidar. Es amar con honestidad. Es no tener miedo de ser claros.

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