Esta semana, el internet se llenó de titulares que parecían salidos de una película de ciencia ficción pop: Katy Perry va al espacio. El viaje, financiado por Jeff Bezos a través de su empresa Blue Origin, fue presentado como un hito histórico, un momento de «progreso» para la humanidad. Pero, ¿realmente lo fue?
Spoiler: no tanto.
Sí, es cierto que viajar al espacio siempre suena como algo épico, futurista y trascendental. Pero cuando lo analizamos desde la psicología social, el tema se vuelve mucho más complejo (y mucho menos glamoroso). Jeff Bezos, un multimillonario con una postura política que podríamos resumir como pro-corporaciones y, digámoslo, bastante alejado de la preocupación social real, ha financiado este viaje. El mismo Jeff que ha sido criticado por las condiciones laborales en Amazon, por pagar pocos impuestos en relación con sus ganancias, y por invertir sumas obscenas de dinero en turismo espacial mientras en la Tierra seguimos con crisis sociales, climáticas y sanitarias sin resolver.
Si bien vamos a hablar del costo económico, no podemos dejar de lado el costo ambiental, que no es menor. Cada lanzamiento de Blue Origin (aunque utiliza hidrógeno líquido y oxígeno líquido, considerados “más limpios” que otros combustibles) genera un estimado de 75 toneladas de dióxido de carbono equivalente por pasajero. Para ponerlo en perspectiva: eso es más que lo que una persona promedio emite en todo un año con su estilo de vida habitual. ¿Todo eso para unos minutos de ingravidez? La huella ecológica de estos viajes no es ciencia ficción: es contaminación muy real.
Entonces, ¿cuánto costó este viajecito? La compañía mantiene aún en secreto su lista oficial de precios. Sin embargo su primer vuelo se subastó en 28 millones de dólares, imaginemos entonces ahora cuánto pudo haber costado. La empresa que es competencia directa de la de Bazos, Virgin Galactic, ofrece vuelos suborbitales de 90 minutos a unos 400.000 dólares. Este precio por una experiencia espacial de minutos, donde los objetivos científicos de quien si fue como científica no han sido comentados es lo que en general han convertido este viaje en solamente un paseo (un paseo VIP).
Y aquí es donde nos detenemos.
Porque, si bien cada quien puede hacer con su dinero lo que quiera, no podemos ignorar el mensaje social que se está transmitiendo. La lucha feminista durante décadas ha estado enfocada en romper estereotipos que colocan a las mujeres como adornos, como figuras bellas pero superficiales, como entretenimiento. La lucha ha sido (y sigue siendo) para no silencias a las mujeres que pueden y están en posiciones de poder, liderazgo, ciencia, tecnología y literal y metafóricamente, más allá de la atmósfera terrestre.
Sin embargo, los titulares nos gritan “Katy Perry al espacio” mientras ignoran a Aisha Bowe, una exingeniera de cohetes de la NASA que también estuvo en el Blue Origin y cuya historia sí representa un verdadero avance en la inclusión de mujeres afrodescendientes en las STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). O a Amanda Nguyen, emprendedora social, activista de derechos civiles e investigadora de bioastronáutica, nominada al Nobel de la Paz, que también formó parte de una misión anterior de Blue Origin, llevando consigo una bandera de los derechos humanos y una trayectoria activista impresionante.


Pero claro, es más fácil fijarse y hablar de Katy que del currículum de Amanda o Aisha.
Y ojo, no se trata de tirar hate gratuito a Katy Perry. Ella es una cantante exitosa, con una carrera en el mundo del pop que ha dejado huella. Pero para empezar, lo que hizo no puede considerarse un viaje espacial en sentido estricto, ya que alcanzó altitudes por debajo de los 100 km. Entonces por favor, dejen de llamarla astronauta. No ha entrenado como tal, no representa a la comunidad científica ni a las mujeres que luchan desde la base por acceder a esos espacios. Ella fue invitada por ser famosa, no por su aporte al conocimiento o a la humanidad.
Entonces, ¿qué mensaje estamos enviando a las niñas que sueñan con ser astronautas, científicas, o ingenieras aeroespaciales? ¿Que lo importante no es estudiar, investigar o innovar, sino tener millones de seguidores y una sonrisa de portada? Tal como blackmirror nos lo mostró en su capítulo «Nosedive».
Desde la psicología social, este fenómeno es todo menos inocente. Es una forma de refuerzo de estereotipos, de distracción colectiva y de banalización de causas profundas. Lo simbólico pesa, y mucho. Y mientras sigamos celebrando más a los íconos pop que a las mentes brillantes que están haciendo el verdadero trabajo, el progreso será más estético que real.
Así que la próxima vez que veas un cohete despegar con una celebridad a bordo, pregúntate: ¿esto nos está llevando al futuro o solo nos está vendiendo un espejismo con luces LED y con un gran costo disfrazado de progreso cubierto con una gran nube de CO₂.




