La sustancia (The Substance), película que roza el cine gore y el body horror. Dirigida por Coralie Fargeat (directora de cine y guionista francesa) con Demi Moore, Margaret Qualley y Dennis Quaid.
Me gusta vivir en esta época y en este entorno donde se habla más franca y abiertamente de lo prohibitivo que se vuelve para una mujer el envejecer. Esto de dejar de tener un cuerpo normativo y la exigencia tan alta de mantenernos siempre bellas. Entendiendo por belleza el no tener arrugas y mantener un cuerpo casi adolescente ya que, como indica la sociedad, esto es lo que se considera deseable y para una mujer (se supone) ser deseables es lo que da razón a nuestra existencia. Es por eso que esta película me parece tan interesante y para verla mas de una vez pues siempre aparece un pequeño detalle que se había escapado en la visión anterior.
«La sustancia» es esto, la denuncia clara que, haciendo uso del horror corporal pone el foco en esta realidad que muchas personas quieren negar que existe. Y lo interesante es que quien no lo vive suele ser quien dice que esta película es exagerada y desagradable. Sin detenerse a ver y aceptar el privilegio en el que se encuentran por no vivir bajo esas exigencias (o acaso, creer que no viven bajo esas exigencias).
Porque si bien me gustaría aplaudir a las mujeres que dicen no haber sentido nunca esa presión, quisiera también recordarles todas las veces que se han puesto a dieta o que se han mirado en el espejo comparándose con todas esas otras mujeres que ven en las redes sociales. O mas aún, todas esas veces que se han comparado con ellas mismas cuando eran jóvenes, para terminar preocupándose porque ahora no tienen el cuerpo que solían tener o porque se encontraron una arruga o una cana nueva.
Y es que la maravillosa premisa de esta película es justamente la lucha interna para ser “una mejor versión de ti misma”. Poniendo la mira en este falso creer de que la lucha es contra una misma cuando en realidad es con una sociedad que nos ha envuelto en este ideal de mujer.
Nuestra protagonista, Elisabeth Sparkle (Demi Moore) ha comenzado a notar que sus días de gloria están llegando a su fin. Atrás han quedado las alfombras rojas, los aplausos, los grandes papeles en películas y ese ataque continuo de fotógrafos ávidos por inmortalizar su belleza. Como metáfora de esta vida, Fargeat nos muestra la imagen de la estrella que Elisabeth tiene en el paseo de la fama y que se va deteriorando poco a poco mientras la audiencia de su programa televisivo de aeróbicos se viene abajo.
Es entonces que entra a escena un Dennis Quaid que nos lleva a ver cómo este patriarcado grotesco que siempre se cree gracioso y encantador (aunque no lo sea) concluye que necesitan deshacerse de ella para darle entrada a un cuerpo joven y estereotípicamente bello, lo que dará una imagen nueva al canal y por supuesto aumentará el rating y los ingresos de la televisora.
Es entonces que Elisabeth recibe una invitación clandestina para disfrutar de una vida distinta: Una sustancia que por medio de bipartición celular es capaz de crear a este alter ego que solemos buscar en el espejo, alguien más joven, bella y perfecta a los ojos de una sociedad que nos dice que eso nos hará mejores y, sobre todo, que nos hará merecedoras de amor.
Siguiendo las instrucciones estrictas del producto, de ella surge Sue, una preciosa y sexy joven que pronto se convierte en la nueva estrella. Solo que, como todo, hay reglas que se tienen que cumplir al pie de la letra, y una de ellas es que no deben pasar mas de siete días sin que vuelvan a intercambiarse, si no, las consecuencias serían terribles.
Comentaba unas líneas arriba que hay que tener la cabeza para ver fuera de nuestro privilegio y así poder entender que Coralie Fargeat (directora también de Revenge) lo que hace en esta película es mostrarnos el trato que reciben las mujeres en la industria del entretenimiento y que se permea a toda la sociedad. Porque hay quien se ha escandalizado por el exceso de primeros planos al cuerpo de Sue (Margaret Qualley) sin darse cuenta de que esto es lo que se consume en el día a día. Y que, como dije antes, lleva a aprender que lo esperable de una mujer “perfecta” es ser eternamente joven, bella, deseable y poco conflictiva. Papel que Sue lleva a cabo de forma impecable.
El hecho de que sea Demi Moore la protagonista me tiene con dos puntos en la mente. Primero que me muestren a una mujer de 61 años como si tuviera 50. Esto solo me hace reforzar la idea de la imagen tan errónea que se tiene entre cómo luce una mujer de 50 y como se supone que debe lucir.
Sin embargo la parte que me encanta de que ella sea la protagonista es que no hay nadie mejor que Demi Moore para mostrar lo que ha vivido en carne propia. La crítica tan mordaz por su apariencia en un negocio que se ha dedicado a hablar mas sobre cómo luce que sobre su calidad interpretativa.
Porque recordemos las críticas que recibió por Striptease y G.I. Jane, en donde mas allá de ver a protagonistas que están desafiando una posición en la sociedad se centraron en que le pagaban lo que le pagaban solo porque había accedido a desnudarse o a raparse y que lo desvirtuaron todo quedando en, tal como ella menciona: “…Porque estaba interpretando a una stripper, traicioné a las mujeres. Y porque interpreté a una soldado, traicioné a los hombres”.
El viaje que nos propone «La Sustancia» está muy bien acompañado con un soundtrack que no pasa desapercibido y con esos primeros planos que nos van hablando de lo que viene después. Porque el final llega con un alud de imágenes y sonido que podríamos calificar de grotesco y que no puedes detener. Del mismo modo que no se puede detener la rabia de años de hacer todo para ser quien la gente desea y aún así, ser considerada un monstruo.
Esta es una película plagada de sarcasmo y body horror así que si te escandalizan o asustan la sangre, las agujas y las heridas supurantes en la piel, es mejor que no la veas. Porque si bien los primeros planos al cuerpo de Sue, a sus curvas y cabello sedoso y brillante son todo esto que se considera agradable, cuando lo hace en el cuerpo de Elisabeth mostrando las manchas, las ojeras, las arrugas y todo lo que da la edad, esas ya son mas difíciles de aceptar en un close up que se complementa con una iluminación que acrecienta todos esos detalles y con esa escena que no puedo dejar de lado en donde habla de la soledad en la vejez.
En resumen, la sustancia es una de esas películas que (espero) a la larga será apreciada por todos aquellos que dicen que es la peor película que han visto, o que esos minutos finales están de sobra. Si, es dura, y como dice Guillermo Del Toro, en esta película nos encontramos con “..el horror de perderse – el vértigo de la superficie – la traición de la carne… precisa, palpitante, humorística, implacable y cambiando ágilmente del patetismo al terror y la risa»,
Si eres mujer, estoy segura de que esta película te ha dado mucho para pensar y (quizás) para enojarte. Y si eres hombre, espero que seas de esos que tienen la apertura para ver y entender una problemática que vivimos las mujeres en el día a día y que aunque parezca menor dentro del género masculino, existe también. Y que sin importar tu identidad de género, sepas que igual te afecta el bombardeo constante de ideales con los que esta sociedad nos envuelve y que nos lleva a esta constante creencia de que debemos lucir siempre dentro de los cánones impuestos.
Que sepas que puedes empezar a luchar contra ese deseo de llevar la perfección hasta las últimas consecuencias, para que así reconozcas el momento en que debas detenerte y tengas la fuerza para hacerlo.






Un comentario en “La sustancia. ¿Grotesca o real?”